ABAC 2026 MAYO

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Una experiencia gastronómica para recordar
Hay restaurantes en los que simplemente comes y otros que consiguen emocionar. ABaC pertenece a este segundo grupo. Cada plato es una combinación de técnica, creatividad y producto de máxima calidad, pensado para sorprender desde el primer bocado hasta el último.

En esta galería compartimos nuestra experiencia a través de fotografías propias que muestran el ambiente, la presentación de los platos y los pequeños detalles que convierten una comida en un recuerdo inolvidable. Más que un restaurante, ABaC es un viaje gastronómico que despierta los sentidos y demuestra por qué está considerado uno de los grandes referentes de la alta cocina.

Primera impreson ABAC

Después de muchos días esperando con ilusión el momento, por fin llega la hora de plantarnos frente a las puertas de ABaC. Y allí, justo antes de entrar, aparece esa mezcla de expectación y curiosidad que acompaña a las grandes experiencias gastronómicas. Sabes que estás a punto de sentarte ante un menú creado por Jordi Cruz, uno de los grandes nombres de la cocina española, y que cada plato ha sido concebido con una dedicación, una precisión y un sentido artístico fuera de lo común.


Eso sí, nuestra entrada tuvo un pequeño toque de improvisación: nos equivocamos de puerta y no entramos por la principal. Lo pudimos comprobar porque al salir nos acompañaron y salimos por otra puerta. Fueron risas. Nada grave. Al fin y al cabo, habíamos llegado. Y desde ese momento comienza la experiencia.

El primer impacto del espacio resulta sorprendente. ABaC combina una arquitectura moderna y elegante con elementos naturales que están presentes prácticamente en cada rincón. En la entrada y camino a la recepcion recorres un camino de piedra donde la vegetación, el agua y los pequeños detalles decorativos crean un ambiente envolvente que parece invitarte a dejar atrás el exterior y adentrarte poco a poco en el universo del restaurante.


Todo está pensado para despertar los sentidos incluso antes de que llegue el primer plato.


Sin embargo, hubo algo que personalmente eché en falta: un poco más de calidez. La elegancia está presente, pero en determinados momentos percibí el ambiente ligeramente frío, incluso con cierta sensación de soledad. Quizá sea una cuestión de gustos, pero esperaba encontrar un espacio algo más acogedor, más cercano y con un punto mayor de vida.
Aun así, la sensación de estar entrando en un lugar especial permanece. La cocina todavía no ha comenzado, pero la experiencia ya ha empezado.

La recepción: comienza la experiencia


Ya dentro del edificio, la recepción mantiene la misma armonía que habíamos encontrado en el exterior. La combinación de arquitectura, naturaleza y pequeños detalles continúa creando ese ambiente cuidado y elegante que caracteriza a ABaC.
Pero hay algo que cambia de inmediato: la presencia del equipo del restaurante. La atención es exquisita, cercana y profesional, y consigue que todo resulte mucho más confortable. Desde el primer momento tienes la sensación de estar en buenas manos.
Nos acompañaron hasta nuestra mesa y, al sentarnos, tuvimos esa curiosa sensación de sentirnos reyes en nuestros propios tronos. La mesa, amplia y elegante, contribuía a esa impresión. Aunque, eso sí, había una cierta distancia entre nosotros: sentados uno frente al otro, la separación era considerable. Quizá demasiado para quienes han venido también a compartir una experiencia juntos.


Pero habíamos llegado hasta allí con un único propósito: disfrutar. Y nuestra predisposición no podía ser mejor. Queríamos dejarnos llevar, olvidarnos del reloj y permitir que la experiencia gastronómica hiciera su trabajo.
Tras la bienvenida y una vez acomodados, todo comenzó a sucederse con una rapidez sorprendente. El equipo empezó a preparar la mesa y a traer los primeros elementos del menú. Y entonces apareció una de las primeras sensaciones que marcarían la experiencia: la coordinación del personal.
Se movían alrededor de nosotros como un cuerpo de baile perfectamente coreografiado. Cada gesto parecía estudiado, pero sin resultar artificial; movimientos sutiles, delicados y precisos, ejecutados con una naturalidad que hacía que apenas reparásemos en el trabajo que había detrás.
Antes de comenzar llegaron también nuestras primeras bebidas: una cerveza para mí y agua para mi esposa.
Y ahí ocurrió algo tan sencillo como especial.
A los dos se nos dibujó una sonrisa.
Una sonrisa de esas que no necesitan explicación. Como dos niños pequeños a punto de abrir un regalo que llevaban mucho tiempo esperando.
Habíamos llegado a ABaC. Ahora sí, la aventura gastronómica comenzaba de verdad.

Comienza el espectáculo

Y entonces comienza el espectáculo.

Una Copa de cerveza antes de empezar, siempre … JAJAJAJA

Llegan los tres primeros bocados y, por un momento, sentimos que nos llueven del cielo pequeños regalos. Es el inicio de un recorrido gastronómico que promete mucho.

1. Bloody Mary on the rocks con lio de albahaca

2. Lyo pizzeta Margherita

3. Dry maccheroni de albahaca con queso Feta

1. Bloody Mary on the rocks con lio de albahaca

Nos dan la opción de tomarlo con o sin alcohol. Para mí, con alcohol; para mi mujer, sin.

Y aquí llega la primera sorpresa: la proporción de vodka está perfectamente medida. Se percibe, pero no domina. Para mí, sencillamente, una auténtica maravilla.

El Bloody Mary on the rocks es, además, uno de esos aperitivos con más recorrido dentro de la cocina de Jordi Cruz. Se ha convertido en un clásico de bienvenida de ABaC y funciona como una auténtica tarjeta de presentación de la casa.La elaboración parte de un agua de tomate, acompañada de apio y lima, con ese discreto toque de vodka que aporta carácter sin restarle protagonismo a la frescura del conjunto.

El resultado es limpio, refrescante y muy equilibrado.A los dos nos ocurrió prácticamente lo mismo después del primer sorbo: una sensación fresca, viva y muy agradable que despierta el paladar y, casi sin darte cuenta, te prepara para lo que está por venir.Y eso, precisamente, es lo que debe conseguir un buen aperitivo: abrirte el apetito y hacerte pensar que esto acaba de empezar.

Bloody Mary on the rocks con lio albahaca

2. Lyo pizzeta Margherita

Aquí hay una idea muy interesante: coger algo tan reconocible y popular como una pizza Margarita y convertirlo en un bocado de alta cocina. La gracia no está en hacer una pizza mejor, sino en conseguir que, con una cantidad mínima y probablemente mediante técnicas de liofilización/deshidratación, el comensal reconozca inmediatamente la esencia de una Margarita. Y se reconoce hasta sorprenderte al máximo.

Es crujiente, lúdica y reconocible en un solo bocado como una Margarita. Como segundo aperitivo funciona muy bien porque cambia completamente el registro después del Bloody Mary. Pasamos de lo líquido, fresco y especiado a algo crujiente, concentrado y tremendamente reconocible.

Lo que más me gusta conceptualmente es que Jordi Cruz no pretende engañarte: sabes que estás comiendo una Margarita, pero presentada de una manera que obliga al paladar a reconstruirla.


3. Dry maccheroni de albahaca con queso Feta

Y aquí aparece otra vez una idea que me parece muy propia de ABaC: utilizar un formato cotidiano y convertirlo en algo inesperado. Un macarrón normalmente nos lleva inmediatamente a pasta húmeda, salsa, queso, tomate, boloñesa, etc. La palabra “dry” ya nos está avisando de que la experiencia será diferente. Este pase me parece conceptualmente muy interesante porque probablemente sea el que más juega con la textura.

La pasta deja de ser simplemente el vehículo de una salsa y pasa a convertirse en protagonista. La albahaca aporta el vínculo mediterráneo y el Feta introduce ese punto lácteo, salino y ligeramente ácido que puede funcionar muy bien con la intensidad aromática de la albahaca.

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